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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Sábado III de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,60-69): Muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». En aquel tiempo, muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?». Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?. El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre».

Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él. Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?». Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».

Ilustración: Pili Piñero

Hoy, Simón Pedro hace un gesto precioso con Jesús. Casi todo aquel grupo de judíos le abandona porque les parecen duras sus palabras. El Señor se queda solo. Incluso pregunta a sus doce Apóstoles: «¿También vosotros queréis marcharos?».

—Con Simón Pedro le decimos a Jesús: —Señor, a mí a veces me cuesta entender tus palabras, pero yo confío en ti. Porque, si no es a ti, ¿a quién puedo acudir? ¡Tú eres el Santo de Dios!