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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Miércoles V de Cuaresma

Texto del Evangelio (Jn 8,31-42): Jesús dijo: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos que habían creído en Él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. Ya sé que sois descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre».

Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham». Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre». Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios». Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que Él me ha enviado».

Ilustración: Sr. Josep Lluís Martínez i Picañol (Picanyol)

Hoy escuchamos una de las frases de Jesús que más le gustaban a san Juan Pablo II: «La verdad os hará libres». Se habla mucho de libertad. ¡Todo el mundo la desea! Pero, ¿sabemos de verdad qué significa “ser libres”? Para muchos equivale a “hacer lo que a uno le apetece”, sin límites. Pero… Jesús no nos vende esa libertad tan caprichosa; Jesucristo relaciona la libertad con la verdad. Jesús-Dios era infinitamente libre, y ahí le vemos: clavado, inmovilizado en la Cruz, sereno, disculpando nuestras ofensas.

—¿Adivinas para qué sirve la libertad? Para amar, no para “jugar”. Quien vive la vida jugando, acaba siendo esclavo del juego.