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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (A) (Segundo domingo después de Pentecostés)

Texto del Evangelio (Jn 6,51-58): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre (...)». Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»... En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».

Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre».

Ilustración: Francesc Badia

Hoy Jesús anuncia el don más precioso que se dispone a regalarnos: Él mismo, su propio Cuerpo sacrificado y su Sangre derramada por nuestra salvación. Sólo una fe grande puede dar crédito a esas palabras del Señor. Algunos judíos discutían y desconfiaban. Pero el hecho histórico es que Jesucristo, en la Última Cena, dijo: “Esto es mi Cuerpo…”; “Ésta es mi Sangre…”. ¡Cristo es Dios y Él puede hacerlo!

—Si Él lo ha dicho, ¿por qué dudar? ¡No se nos pide entender el milagro, sino aceptarlo!