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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo XXIII (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 7,31-37): Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. En aquel tiempo, Jesús se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan que imponga la mano sobre él. Él, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: “¡Ábrete!”. Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Ilustración: Francesc Badia

Hoy nos alegra ver que Jesús fue a predicar hasta las “fronteras” y más allá de las fronteras de Israel. En nuestros tiempos, a través de la Iglesia y en la Eucaristía, Cristo se hace presente en todas las fronteras.

—¡Por cierto!, hay un truco que funciona muy bien ante Dios: reza por ti; pero sobre todo ruega por las necesidades de los otros. Por ahí “le vences” seguro.