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Día litúrgico: Martes XXIX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 12,35-38): «Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá». En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!».

Ilustración: P. Lluís Raventós Artés

Hoy Jesús hace una declaración llamativa: Dios —que es nuestro Dios— desea ser nuestro “siervo”. Preguntémonos: en el universo de las religiones, ¿hay alguna otra religión que crea en un “Dios-siervo”? No, radicalmente no. Tal atrevimiento es exclusivo del cristianismo.

—Por si fuera poco, para la fe cristiana el “Dios-siervo” no es ninguna novedad. En efecto, la profecía de Isaías (unos 600 años antes de Cristo) dedica amplio espacio (especialmente, el capítulo 53) al “Siervo sufriente de Yahvé”: se refería a la pasión de Jesucristo. ¿Lo sabías?