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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Jueves XXXI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 15,1-10): «Os digo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión». En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos».

Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

»O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

Ilustración: P. Lluís Raventós Artés

Hoy, la “Parábola de la oveja perdida” nos transmite consuelo y esperanza. Porque, ¿quién no ha estado perdido en esta vida? Sorprende que los fariseos y escribas se quejaban (a espaldas de Jesús) diciendo: «Éste acoge a los pecadores». Por lo visto esos tipos nunca se habrían perdido. ¡Nunca! ¡Eran perfectos! Eso creían ellos; porque en realidad dan mucha pena: estaban ciegos, despreciando a los demás, siempre con cara de funeral…

— El segundo nombre de Dios es “Misericordia”. ¡Qué gran consuelo saber que mi Padre-Dios siempre me sonríe, especialmente cuando regreso a Él!