Nuestra página utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario y le recomendamos aceptar su uso para aprovechar plenamente la navegación

Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

Ver otros días:

Día litúrgico: Martes XXXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 21,5-11): Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Estad alerta, no os dejéis engañar». En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».

Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Estad alerta, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato». Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo».

Ilustración: Francesc Badia

Hoy escuchamos parte del “Discurso escatológico” de Jesús. Son sus profecías acerca del final de los tiempos. Jesucristo es el Profeta, el definitivo. Pero, ¿qué es un profeta? ¿Un adivino? ¿Un visionario? Los profetas paganos son meros adivinos que satisfacen la curiosidad de sus oyentes. ¿Y Jesús? Él —como buen profeta— es maestro: nos muestra el camino que hemos de seguir…

—Entonces, ante tanto suceso apocalíptico, ¿cuál es el camino? Actitud de vigilancia, «porque vendrán muchos usurpando mi nombre». Desde hace algunos siglos, el “deporte” preferido por muchos es ocupar el lugar de Dios. Pues, ya sabes: «No les sigáis».