Nuestra página utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario y le recomendamos aceptar su uso para aprovechar plenamente la navegación

Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

Ver otros días:

Día litúrgico: Viernes III del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 4,26-34): «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma …». En aquel tiempo, Jesús decía a la gente: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra». Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

Ilustración: P. Lluís Raventós Artés

Hoy, Jesús explica cómo nace y crece nuestra vida. Dios es el sembrador que nos ha creado con un “corazón”, reforzado con la semilla del Bautismo. Dios también es la tierra buena en la que la semilla crece. Y con el crecimiento del amor llegan los frutos: una familia y un trabajo que enriquecen al mundo…

—Yo soy una “semilla” muy pequeña, llamada a ser un gran “árbol”. Concede, Señor, a nuestros cuerpos un descanso tranquilo, y haz que la semilla que hoy hemos sembrado con el trabajo cotidiano germine en frutos de vida eterna.