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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo XXIX (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 10,35-45): En aquel tiempo, Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercan a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos, nos concedas (…) que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda» (…). Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

El Orden habilita para el ejercicio del ministerio, confiado por Jesús a los Apóstoles

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos del Papa Francisco)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, contemplamos que el Orden —constituido por los tres grados de episcopado, presbiterado y diaconado— es el sacramento que habilita para el ejercicio del ministerio, confiado por Jesús a los Apóstoles, de apacentar su rebaño, con el poder de su Espíritu y según su corazón. Si no lo hace con amor no sirve. Los ministros que son elegidos y consagrados para este servicio prolongan en el tiempo la presencia de Jesús, si lo hacen con el poder del Espíritu Santo, en nombre de Dios y con amor.

Aquellos que son ordenados son puestos al frente de la comunidad. Están “al frente” sí, pero para Jesús significa poner la propia autoridad al servicio, como Él mismo enseñó a los discípulos. En virtud del Orden, el ministro se entrega por entero a la propia comunidad y la ama con todo el corazón: es su familia. El obispo, el sacerdote aman a la Iglesia en la propia comunidad como Cristo ama a la Iglesia.

—¡Un sacerdote, que no está al servicio de su comunidad no hace bien!

La libertad tiene un "precio"

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, mientras los Apóstoles "discuten", Jesús se ofrece. De hecho, en la historia de la humanidad podemos distinguir entre aquellos que han "pagado menos" por su libertad (sirviéndose abusivamente de los demás) y aquellos que han "pagado más" por su libertad (sirviendo pacientemente a los demás). Dios, infinitamente libre en Sí, realmente, ha pagado mucho por la libertad de todos.

El hombre que entiende la libertad como el simplemente hacer lo que quiere, vive en la mentira, pues por su propia naturaleza forma parte de una "reciprocidad", su libertad es una libertad que debe compartir con los otros. Tras la pretensión de ser enteramente libre, sin un "de dónde" y un "para", se esconde no una imagen de Dios, sino una imagen idolátrica.

—El Dios real es, por su esencia, un total "Ser-para" (el Padre), "Ser-desde" (el Hijo) y "Ser-con" (el Espíritu Santo). Ahora bien, el hombre es precisamente imagen y semejanza de Dios porque el "desde", el "con" y el "para" constituyen la figura antropológica fundamental.