Contemplar el Evangelio de hoy: 200 sacerdotes comentan el Evangelio del día cada día
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Día litúrgico: Ascensión del Señor (A)
Texto del Evangelio (Mt 28,16-20): En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
Comentario: Fray Agustí +ALTISENT i Altisent Monje de Santa Mª de Poblet (Tarragona, España)
Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra
Hoy,
contemplamos unas manos que bendicen —el último gesto
terreno del Señor (cf. Lc 24,51). O unas huellas
marcadas sobre un montículo —la última señal
visible del paso de Dios por nuestra tierra. En ocasiones, se
representa ese montículo como una roca, y la huella de sus
pisadas queda grabada no sobre tierra, sino en la roca. Como
aludiendo a aquella piedra que Él anunció y que pronto
será sellada por el viento y el fuego de Pentecostés.
La iconografía emplea desde la antigüedad esos símbolos
tan sugerentes. Y también la nube misteriosa —sombra y
luz al mismo tiempo— que acompaña a tantas teofanías
ya en el Antiguo Testamento. El rostro del Señor nos
deslumbraría.
San
León Magno nos ayuda a profundizar en el suceso: „«Lo
que era visible en nuestro Salvador ha pasado ahora a sus misterios».
¿A qué misterios? A los que ha confiado a su Iglesia.
El gesto de bendición se despliega en la liturgia, las huellas
sobre tierra marcan el camino de los sacramentos. Y es un camino que
conduce a la plenitud del definitivo encuentro con Dios.
Los
Apóstoles habrán tenido tiempo para habituarse al otro
modo de ser de su Maestro a lo largo de aquellos cuarenta días,
en los que el Señor —nos dicen los exegetas— no
“se aparece”, sino que —en fiel traducción
literal— “se deja ver”. Ahora, en ese postrer
encuentro, se renueva el asombro. Porque ahora descubren que, en
adelante, no sólo anunciarán la Palabra, sino que
infundirán vida y salud, con el gesto visible y la palabra
audible: en el bautismo y en los demás sacramentos.
«Me
ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt
28,18). Todo poder.... Ir a todas las gentes... Y
enseñar a guardar todo... Y El estará con ellos
—con su Iglesia, con nosotros— todos los tiempos (cf. Mt
28,19-20). Ese “todo” retumba a través de
espacio y tiempo, afirmándonos en la esperanza.


