Contemplar el Evangelio de hoy: 200 sacerdotes comentan el Evangelio del día cada día
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Día litúrgico: Domingo I (B) de Adviento
Texto del Evangelio (Mc 13,33-37): En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. Al igual que un hombre que se ausenta deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!».
Comentario: Fra. Agustí BOADAS Llavat OFM (Barcelona, España)
Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento
Hoy,
en este primer domingo de Adviento, la Iglesia comienza a recorrer un
nuevo año litúrgico. Entramos, por tanto, en unos días
de especial expectación, renovación y preparación.
Jesús
advierte que ignoramos «cuándo será el momento»
(Mc 13,33). Sí, en esta vida hay un momento decisivo.
¿Cuándo será? No lo sabemos. El Señor ni
tan sólo quiso revelar el momento en que se habría de
producir el final del mundo.
En
fin, todo eso nos conduce hacia una actitud de expectación y
de concienciación: «No sea que llegue (...) y os
encuentre dormidos» (Mc 13,36). El tiempo en esta vida
es tiempo para la entrega, para la maduración de nuestra
capacidad de amar; no es un tiempo para el entretenimiento. Es un
tiempo de “noviazgo” como preparación para el
tiempo de las “bodas” en el más allá en
comunión con Dios y con todos los santos.
Pero
la vida es un constante comenzar y recomenzar. El hecho es que
pasamos por muchos momentos decisivos: quizá cada día,
cada hora y cada minuto han de convertirse en un tiempo decisivo.
Muchos o pocos, pero —en definitiva— días, horas y
minutos: es ahí, en el momento concreto, donde nos espera el
Señor. «En la vida nuestra, en la vida de los
cristianos, la conversión primera —este momento único,
que cada uno recuerda y en el cual uno hizo claramente aquello que el
Señor nos pide— es importante; pero todavía son
más importantes, y más difíciles, las sucesivas
conversiones» (San Josemaría).
En
este tiempo litúrgico nos preparamos para celebrar el gran
“advenimiento”: la venida de Nuestro Amo. “Navidad”,
“Nativitas”: ¡ojalá que cada jornada
de nuestra existencia sea un “nacimiento” a la vida de
amor! Quizá resulte que hacer de nuestra vida una permanente
“Navidad” sea la mejor manera de no dormir. ¡Nuestra
Madre Santa María vela por nosotros!


