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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

29 de Mayo: San Pablo VI, papa

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Texto del Evangelio (Mt 16,13-19): En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».

Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

«Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, en la celebración del Papa San Pablo VI, elevamos nuestra alma en una doble acción de gracias. Agradecimiento a Jesucristo porque cumple su palabra de permanecer con nosotros hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20). Esa promesa Dios la cumple a través de su Iglesia, mediante su presencia eucarística... Pero lo hace de un modo muy especial a través de la persona del Papa, el “dulce Cristo en la tierra” (Santa Catalina de Siena). Los coetáneos del Papa Montini pudieron palpar la clarividencia y la firmeza con que ese santo pastor defendió a la Iglesia en unos tiempos muy “movidos”.

Agradecimiento también hacia ese humilde pastor que, a veces quedándose solo —como Jesús en Getsemaní— sufrió y lloró por la Iglesia. Él encarnó la “piedra” sobre la cual Cristo siempre edifica su Iglesia, sin que las puertas del Hades puedan prevaler contra ella (cf. Mt 16,18). San Pablo VI asumió la enorme tarea de conducir, concluir y aplicar el Concilio Vaticano II. Los tiempos cambian y la Iglesia —permaneciendo fiel a sus fundamentos— no se queda atrás en los nuevos retos. Por eso, el Papa del Concilio veló por una exquisita y audaz “puesta al día” de la Iglesia.

A unos les pareció que se quedaba corto; a otros, que iba demasiado lejos… Entre medio, el humilde San Pablo VI sufriendo porque veía —demasiadas veces, impotente y aislado— desconciertos y desatinos dentro de la Iglesia. El Papa Montini fue un mártir en vida… En su sencillez llegó a decir: «Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva». Sí, es Cristo, pero Él cuenta con nosotros: quizá los fieles debamos comprometernos a sufrir algo más por el Romano Pontífice, nuestro “santo padre”…

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