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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

20 de Septiembre: San Andrés Kim Taegon, presbítero, y san Pablo Chong y compañeros, mártires

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Texto del Evangelio (Lc 9,23-26): En aquel tiempo, Jesús decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su gloria, en la de su Padre y en la de los santos ángeles».

«Quien pierda su vida por mí, ése la salvará»

Fr. Salomon BADATANA Mccj (Wau, Sudán del Sur)

Hoy escuchamos a Jesús diciendo a la gente: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lc 9,22). Y éstas son las mismísimas palabras de Nuestro Señor Jesucristo, quien no dudó en advertirnos lo que implica ser cristiano. Sin embargo, nosotros —los cristianos— damos la impresión de no haber entendido nunca sus palabras. Pues, frecuentemente, oímos a la gente quejarse de lo dura que es la vida. Y una de las quejas más comunes es: —Si el Señor está conmigo, entonces, ¿por qué estoy sufriendo de esta manera?

A menudo pensamos que, por el hecho de ser cristianos, todo tiene que sucedernos suavemente porque nuestro Dios es el Dios todopoderoso. Esto ocurre porque estamos acostumbrados a escuchar predicadores que nos predican el “Evangelio de la prosperidad”. Durante una de sus locuciones del Angelus, el Papa Francisco dijo: «Seguir a Jesús significa tomar la propia cruz —todos la tenemos— para acompañarlo en su camino, un camino incómodo que no es el del éxito, de la gloria pasajera, sino el que conduce a la verdadera libertad, que nos libera del egoísmo y del pecado».

Hoy, una vez más, Jesús nos invita a purificar nuestra intención desde el momento en que hemos elegido seguirle. Él nunca nos prometió que todo nos saldría bien si le elegíamos. Hemos de estar preparados para cargar nuestra cruz cotidiana y seguirle incluso cuando eso suponga perder la vida; «porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará» (Lc 9,24). Ése fue el último testimonio que san Andrés Kim Taegon, san Pablo Chong y compañeros —mártires coreanos cuya memoria celebramos hoy— dieron por Cristo para participar de su banquete eterno.

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