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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

28 de Septiembre: San Wenceslao, mártir

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Texto del Evangelio (Jn 12,24-26): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».

«Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy celebramos la santidad de un fiel laico que —nunca mejor dicho— fue fiel a su bautismo cumpliendo lealmente sus deberes como gobernante. Wenceslao I de Bohemia (907-935), nieto de la reina Ludmila (también santa), fue elegido para suceder a su padre Bratislao. La “Leyenda primera paleoslava” cuenta que Wenceslao «auxiliaba a todos los pobres, vestía a los desnudos, alimentaba a los hambrientos, acogía a los peregrinos, conforme a las enseñanzas evangélicas». ¡En fin, lo que esperaríamos de un gobernante mínimamente responsable!

Tan acostumbrados como estamos a las promesas electorales y, a la vez, a las promesas defraudadas, ¡cuánto nos alegra escuchar esta semblanza referida a un gobernante! Pero la lección que se dirige, en particular, a políticos y servidores públicos de hoy día, también nos concierne a cada uno, porque —poco o mucho— todos somos “gobernantes”.

El Evangelio habla de “servicio”: «Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor» (Jn 12,26). ¿Dónde encontrar a Jesús? Allí donde esté cualquiera de tus hermanos. Wenceslao «no toleraba que se cometiera injusticia alguna contra las viudas, amaba a todos los hombres, pobres y ricos» (“Leyenda primera paleoslava”). Jesús sufre en la persona de los necesitados que nos rodean.

Seamos conscientes de que muchas periferias están más cerca de lo que nos pensamos: hay “pobres de solemnidad”, pero también hay “pobres de fe”… y “pobres de ciudadanía” (cuya existencia a nadie importa, menos aún a las estructuras administrativas de la ciudad o del gobierno). ¡Ahí está Cristo!

Wenceslao fue asesinado por la envidia de su hermano Boleslao. Cuando no hay espíritu de servicio, prosperan el “mangoneo” y la celotipia. Wenceslao cayó en tierra —a las puertas de la iglesia de Boleslavia— diciendo: «A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu» (cf. Lc 23,46). Pero el grano de trigo «si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Así, poco tiempo después, Boleslao se arrepintió de lo hecho e hizo llevar los restos de su hermano al interior de la catedral de San Vito, en Praga.

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