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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

4 de Noviembre: San Carlos Borromeo, obispo

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Texto del Evangelio (Jn 10,11-16): En aquel tiempo, Jesús habló así: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor.

«El buen pastor da su vida por las ovejas»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, la Iglesia celebra la santidad de un gran pastor de almas: san Carlos Borromeo, que fue obispo de la diócesis de Milán. Todos hemos de dar gracias al Buen Dios porque no ha dejado nunca de proveernos de buenos pastores. Precisamente, los tiempos de san Carlos estaban necesitados de una profunda reforma, sobre todo en el clero. El santo de hoy se implicó plenamente en el Concilio de Trento (el concilio de la “contra-reforma”) y en la aplicación de sus decretos, particularmente en su propia diócesis.

El texto del Evangelio de hoy señala dos cualidades de quien es “buen pastor”. En primer lugar, «el buen pastor da su vida por las ovejas» (Jn 10,11). El buen pastor no se conforma con cumplir, no trabaja a destajo: las ovejas son la razón de su vida y de su actividad. Y, en segundo lugar, por este mismo motivo, conoce a sus ovejas (cf. Jn 10,14).

San Carlos Borromeo era descendiente de una familia muy rica. Renunció a todo para dedicarse al 100% al servicio de la Iglesia (no “a destajo”). Él resistió las diversas trampas —honores, pompa, lujos…— tan frecuentes entre clérigos, obispos y cardenales de aquellas épocas. Su escudo llevaba una sola palabra: “Humilitas”. Los auténticos reformadores son santos a prueba de bomba…

San Carlos no tomó la tarea pastoral como una ocupación más entre otras: la atención de las almas y la oración fueron su vida. Y, por eso, viajó y recorrió los territorios de su inmensa diócesis (que incluía también Venecia, Suiza…) para conocer a su gente y atenderla. Y las posibles influencias debidas a su ascendencia familiar las empleó, en todo caso, para beneficiar a los más desfavorecidos.

Todo el Pueblo fiel debe corresponder y velar por este gran don de Dios que significa el ministerio sacerdotal. Como decía Juan Mª Vianney —el santo párroco de Ars— «el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús».

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