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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo XXVII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 21,33-43): «La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos». En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’.

»Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».

Ilustración: P. Lluís Raventós Artés

Hoy la parábola va dirigida particularmente a los sacerdotes y notables de Israel. Ellos mismos son los labradores de la viña, es decir, los pastores del Pueblo que el propietario (Dios) ha puesto a su cuidado. Han liquidado un profeta tras otro… Al final, también a Jesucristo, la “piedra angular”. Su preciosa Sangre vertida por aquellos “labradores homicidas”, gracias a su Amor divino, se ha convertido en bebida de salvación para todos nosotros.

—¡Ahí la tenemos: en la Santa Misa! ¡Es maravilloso lo que ha hecho el Señor!