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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Lunes XV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 10,34--11,1): Jesús dijo a sus apóstoles: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada …». En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Ilustración: Pili Piñero

Hoy escuchamos varias enseñanzas de Jesús. Todas ellas tienen en común un aspecto: el Señor pide una respuesta radical. ¿Estará Dios exagerando? ¡No! Jesucristo no es un loco que acaba muriendo en una cruz por ser exagerado. El amor nunca es exagerado y, en cambio, siempre es radical. El amor no deja a nadie “indiferente”.

—¿Crees que es posible amar sin “despeinarse”? ¡Espada contra mis comodidades; paz para los demás! Entonces, ¿te sorprende ver a Cristo en la Cruz?