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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Sábado XVIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 17,14-20): Se acercó a Jesús un hombre que, arrodillándose ante Él, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal». En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, arrodillándose ante Él, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle». Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!». Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento.

Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?». Díceles: «Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada os será imposible».

Ilustración: Pili Piñero

Hoy, el Evangelio nos transmite un detalle muy importante que, a veces, pasa desapercibido. Aquel hombre accedió a Jesucristo arrodillándose. Según que zonas, no está de moda “arrodillarse”. ¡Curioso! Hemos perdido este saludable hábito, exclusivo de los seres humanos. De hecho, el hombre nunca es tan hombre como cuando se arrodilla.

—Conclusión: aquel papá consiguió inmediatamente lo que pedía estando de rodillas. ¡Claro!, cuando tratamos a Dios como Dios, entonces permitimos que Dios actúe como Dios.