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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo XXXII (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 12, 38-44): Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas. En aquel tiempo, dijo Jesús a las gentes en su predicación: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa».

Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir».

Ilustración: Francesc Badia

Hoy “vemos” que Dios lo “ve” todo. Dios, siendo tan grande como es (infinito), tiene especial afición por lo pequeño. ¡Curioso! Varias veces dijo que el Reino de los Cielos es como el grano de mostaza: ¡una semilla pequeñísima! Como aquella pobre viuda. A ojos de los hombres no contaba para nada, era insignificante su aportación.

—A Dios no le importa la cantidad sino la calidad. Aquella mujer al echar “todo lo poco” que tenía, en realidad, echó amor. ¡Eso despertó la mirada de Jesús-Dios!