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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Viernes IX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 12,35-37): «David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?». En aquel tiempo, Jesús, tomando la palabra, decía mientras enseñaba en el Templo: «¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’. El mismo David le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?». La muchedumbre le oía con agrado.

Ilustración: Francesc Badia

Hoy Jesús está recordando unas palabras proféticas que había pronunciado el Rey David 1.000 años antes. La escena es muy solemne: Jesucristo se aplica a sí mismo el título de “Hijo de David”. Los judíos sabían que el Salvador sería un descendiente de David. Pero en Jesús hay mucho más: Él es, sobre todo, el Hijo de Dios, el que está eternamente con el Padre.

—Es cierto que san José y la Virgen María descendían de David. Pero María es “la Virgen” porque quien engendró a Jesús en sus entrañas fue el Espíritu Santo. Y, porque viene del Padre, Jesús es el “verdadero David” que puede guiarnos al cielo. ¡Así son los caminos de Dios!