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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Lunes I de Adviento

Texto del Evangelio (Mt 8,5-11): Se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos». Dícele Jesús: «Yo iré a curarle». En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos». Dícele Jesús: «Yo iré a curarle». Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace».

Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos».

Ilustración: Francesc Badia

Hoy un jefe del ejército de Roma nos da ejemplo de humildad y de fe. Aunque él era una persona importante, no se siente digno para que Jesús entre en su casa. Jesucristo es el mejor médico: ¡es Dios! Por esto el centurión añadió: «Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano». ¡Así fue!

—Navidad: Dios nace como un niño. Si yo soy “pequeño” y le ruego confiadamente, Él me auxiliará. ¡Para eso vino a la Tierra!