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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo IV (B) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 10,11-18): «Yo soy el buen pastor; conozco mis ovejas (…) y doy mi vida por las ovejas». En aquel tiempo, Jesús habló así: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

»También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre».

Ilustración: P. Lluís Raventós Artés

Hoy escuchamos la “Parábola del buen pastor”. Para explicarnos el Amor de Dios, Jesús utiliza las parábolas: son pequeñas narraciones que, con imágenes tomadas de la vida humana (el pastor, el médico, el viñador…), nos hablan de cómo es Dios.

—Un pastor es bueno si, cuando viene el lobo, no huye: se enfrenta al lobo y defiende a sus ovejas. El buen pastor está dispuesto a dar su vida por las ovejas. ¡Así lo hizo Jesucristo dando su vida en la Cruz!