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Día litúrgico: Sábado XIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 10,24-33): Jesús dijo a sus Apóstoles: «Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos! No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse». En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!

»No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

Ilustración: Sr. Josep Lluís Martínez i Picañol (Picanyol)

Hoy necesitamos este consuelo de Jesús: los hijos de Dios siempre estamos ante la mirada atenta del Señor. Si sufrimos alguna incomprensión, o burla, o injusticia por causa de Dios, sepamos que nada escapa a su visión. Si a veces nos impresiona el mal que se comete en el mundo, confiemos en la mirada de Dios que todo lo ve: ¡nada hay oculto a sus ojos!

—¿Te gustaría “ver” como Dios? ¡Por ahí va la virtud de la fe!