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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo XX (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Jn 6,51-58): «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna». En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo». Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre».

Ilustración: Sr. Josep Lluís Martínez i Picañol (Picanyol)

Hoy los judíos se disgustan con Jesús porque nos dice algo “increíble”: tenemos que alimentarnos con su Carne y beber de su Sangre para ir al cielo. Pero, ¿cómo se hace esto? Ahora ya lo entendemos: ¡mediante la Comunión eucarística! El pan y el vino consagrados en la misa se convierten misteriosamente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. ¡Dios es el Creador y puede hacerlo!

—Dios nos confía sus misterios, sobre todo, para que los aceptemos, aunque no podamos entenderlos totalmente. ¡Jesús, en ti confío!