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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Martes XXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 4,31-37): Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él». Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún daño. Quedaron todos pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

Ilustración: Pili Piñero

Hoy Jesús acude a la sinagoga. Él —que es el Señor, que es Dios— cada sábado iba a la sinagoga a escuchar la Sagrada Escritura y a rezar. ¡Cada sábado! Dios mismo, en la persona de Jesús, actúa como Hombre ante Dios. ¡Necesitábamos este ejemplo! Ya no podemos decir que no sabemos qué hay que hacer para encontrar a Dios. Él entró y Él se quedó: ¡en la Eucaristía!

—Los judíos decían: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen». ¡Cuántos problemas superamos yendo a la casa de Dios!