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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Lunes XXIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 6,6-11): Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle... Sucedió que entró Jesús otro sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca. Estaban al acecho los escribas y fariseos por si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle. Pero Él, conociendo sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte ahí en medio». Él, levantándose, se puso allí. Entonces Jesús les dijo: «Yo os pregunto si en sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla». Y mirando a todos ellos, le dijo: «Extiende tu mano». Él lo hizo, y quedó restablecida su mano. Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús.

Ilustración: Francesc Badia

Hoy nos sorprendemos al ver gente buscando con qué acusar a Jesús. ¡Acusar a Dios! ¿No te parece ridículo? Pues sucedió entonces y sucede actualmente. ¡Qué manía con poner a Dios entre las cuerdas!

—¿Sabes qué les ocurre a los practicantes de este “deporte”? «Se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué harían a Jesús». ¡Se quedan ciegos y al final no saben qué hacer con Dios! ¡Lamentable!