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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo XXX (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 10,46-52): Cuando Jesús salía de Jericó, (...) Bartimeo, un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle». Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama». Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

Ilustración: Francesc Badia

Hoy el ciego Bartimeo nos da una gran lección. Vivía marginado y estaba desesperado. Por eso no paraba de gritar. Muchos le decían que se callara, pero él gritaba todavía más. Jesús lo oye todo, ¡siempre!, pero… permitió que Bartimeo insistiera más y más, sin hacer caso de la gente “prudente”.

—¡Buena lección nos da Bartimeo! ¿Estás tú demasiado pendiente de lo que dicen? ¡Escucha a Dios, que Dios te escucha a ti!