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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Miércoles VI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 8,22-26): Jesús y sus discípulos llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque. Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo. En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque. Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: «¿Ves algo?». Él, alzando la vista, dijo: «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan». Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía claramente todas las cosas. Y le envió a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».

Ilustración: Francesc Badia

Hoy la escena es curiosa. Jesús atiende el ruego que le hacen y para curar al ciego se lo lleva fuera del pueblo. ¿Por qué? Sencillamente porque Jesús no es un “mago de fiestecilla”, no busca el espectáculo. Los fariseos le pedían que hiciera algún milagro visible; Dios, en cambio, actúa discretamente.

—¡Dios actúa discretamente! Si hace un milagro no es para lucirse, sino para ayudarnos: ¡el Amor es servicial y silencioso!