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El Evangelio de hoy
para la familia

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Lunes IX del tiempo ordinario

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Texto del Evangelio (Mc 12,1-12): «Un hombre plantó una viña (...); la arrendó a unos labradores, y se ausentó. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías...». En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó.

»Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: ‘Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia’. Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña.

»¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: ‘La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?’».

Trataban de detenerle —pero tuvieron miedo a la gente— porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

Ilustración: P. Lluís Raventós Artés

Hoy la “Parábola de los viñadores homicidas” nos habla de los hombres que rechazan a Dios. ¡Un misterio! Pues este rechazo no lleva a ninguna parte: ¡es como un suicidio! «Señor, ¿a dónde iremos sin ti?», le preguntó Pedro. ¡Buena pregunta! Sin Dios todo acaba aquí y no hay futuro. Curiosamente, muchos prefieren que no haya futuro a condición de que tampoco haya un Dios que pueda pedirme algo.

—¿Por qué? —Es que “mi” tiempo…, “mi” futuro… —Es Dios quien te da el tiempo…, ¡y tu futuro le interesa! ¿Por qué huyes hacia ninguna parte?

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