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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Martes Santo

Texto del Evangelio (Jn 13,21-33.36-38): En aquel tiempo, estando Jesús sentado a la mesa con sus discípulos, se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará». Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando». Él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?». Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar». (…) En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche.

(…) Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde». Pedro le dice: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti». Le responde Jesús: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces».

El apóstol: debilidad humana y llamada divina

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy Jesús se conmueve ante la debilidad de los suyos. Sabe que, pocos días después, padecerá mucho por nuestra salvación. Con discreción y delicadeza, se lamenta de que uno de ellos le traicionará. Ninguno lo cree posible. Simón Pedro, que ama sinceramente al Señor, hace todo tipo de declaraciones. Pero..., en realidad, tres días después negó tres veces conocer al "Nazareno".

He aquí el misterio de la debilidad de los Apóstoles elegidos por Jesucristo mismo. Todos y cada uno somos —más o menos— como Judas o como Simón Pedro. Lo más grande es que Dios no deja de llamarnos a su lado. Y siempre nos perdona si, como Pedro, sabemos llorar.

—Señor Jesús, desconfío de mis fuerzas: sin ti no puedo seguirte a ti. Gracias porque me has llamado, pero, por favor, ten paciencia conmigo y no me dejes aunque yo te dejara. Pido a san Pedro que, con su corazón, siempre pueda regresar a Dios.