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Día litúrgico: Martes VII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 9,30-37): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban caminando por Galilea (…). Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará». Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle.

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos» (…).

Jesús, el "Siervo de Dios", anuncia su pasión

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy llegamos al segundo de los tres preanuncios de la pasión que jalonan la subida de Jesús hacia Jerusalén. A esta enseñanza del Señor, ¡siempre!, sigue la resistencia de los discípulos. Jesús los (nos) corrige: el ascenso a Dios se produce precisamente en el descenso del servicio humilde, en el descenso del amor.

Dios mismo, en Jesucristo, se manifiesta en ese descenso: no hizo alarde de su condición divina, sino que, despojándose de su rango, tomó la condición de esclavo, hasta someterse a la "muerte de cruz" (cf. Flp 2,6-9). Los anuncios de la pasión encuentran su culminación en la explicación que sigue al último de ellos: "El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos" (Mc 10,45).

—Jesús es el "siervo" de Dios que padece y muere, tal como el profeta Isaías había previsto en sus cantos. El "servir" es la verdadera forma de reinar, y nos deja presentir algo de cómo Dios es "Señor".