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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Martes XV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 11,20-24): En aquel tiempo, Jesús se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido» (…).

La conversión

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy nos impresiona mucho la queja de Jesús. Casi que no podemos imaginarnos a Jesucristo —Infinita Misericordia— maldiciendo a esas ciudades. Pero no es tanto un enfado, sino un grito de dolor divino, porque los corazones humanos rechazan el amor de Dios.

La conversión es imprescindible en nuestra vida, porque somos débiles: ¡estamos "tocados" por el pecado original! Hemos de reconocer que nos cuesta entender y hacer el bien, y cometemos ofensas. Lo razonable, por tanto, es rectificar, convertirse y pedir perdón a nuestros hermanos y a nuestro Señor. Si no lo hacemos, entonces, dejamos de percibir el amor del Dios que nunca deja de amar.

—Señor, sé que Tú nunca me abandonas, ni siquiera cuando te ofendo. Concédeme un corazón noble para no engañarme escondiendo mis culpas. Dame la "valentía" de dejarme perdonar por ti. No permitas que me aleje de ti por la falta de penitencia. Quiero reposar en tu misericordia.