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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Miércoles XXXIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 19,11-28): En aquel tiempo, Jesús estaba cerca de Jerusalén y añadió una parábola, pues los que le acompañaban creían que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Habiendo llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: ‘Negociad hasta que vuelva’. Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: ‘No queremos que ése reine sobre nosotros’.

»Y sucedió que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno (…). Y dijo a los presentes: ‘Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará’ (…)». Y habiendo dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén.

Estados finales del hombre (I): el "infierno"

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy —evitando especulaciones sobre su "triunfo"— Jesucristo nos pide "negociar" el don de nuestra vida. La opción de vida del hombre se hace definitiva con su muerte; llegados a este punto ya nada se puede esconder o cambiar: el Juez nos ve tal como somos. Dicha opción, que se ha fraguado en el transcurso de toda la vida, puede tener distintas formas, incluso la auto-perdición definitiva.

Puede haber personas que hayan destruido totalmente en sí mismas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor. Personas en las que todo se ha convertido en mentira; personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor. Ésta es una perspectiva terrible, pero en nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo. En semejantes individuos no habría ya nada remediable y la destrucción del bien sería irrevocable: esto es lo que se indica con la palabra "infierno".

—Jesús, deseo tu "triunfo" en mi libertad: toda y siempre a tu servicio.