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Día litúrgico: Jueves II del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 3,7-12): En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea (…). Curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

Jesús, Hijo "con-sustancial" de Dios

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, espeluznados, vemos cómo los espíritus inmundos —antes que los hombres— confiesan a Jesucristo ser el "Hijo de Dios". Jesús les manda callar: este misterio debía desvelarse con pedagogía ante los hombres. La expresión "Hijo de Dios" lo declaraba como el Dios vivo que se nos hace presente; lo unía al ser mismo de Dios.

Profundizar esta verdad exigió grandes esfuerzos. ¿Es Hijo en el sentido de una "especial cercanía" a Dios (así consideraba Israel a sus reyes), o Él era realmente "igual a Dios", "Dios verdadero de Dios verdadero"? El Concilio de Nicea (a. 325) lo explicó con el término "homooúsios" ("con-sustancial"). Este término filosófico (que ha entrado en el "Credo") sirve para recalcar que Jesús no es "el Hijo" en sentido mitológico ni político (los significados más familiares en el contexto de la época), sino que lo es con toda propiedad.

—Sí, en Dios mismo hay desde la eternidad un diálogo entre Padre e Hijo que, en el Espíritu Santo, son verdaderamente el mismo y único Dios.