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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Miércoles II de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 3,16-21): En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna (…)».

Jesucristo, único salvador, es el Mesías, el mismísimo Hijo de Dios, dispuesto a sufrir con nosotros

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy seguimos escuchando la conversación que —de noche— tuvo aquel maestro judío, Nicodemo, doctor de la Ley, con Jesucristo. Una conversación íntima y profunda. Nicodemo siente sinceramente la atracción de Jesús: Él es "algo" nuevo que irrumpe en nuestra historia; sólo alguien que viniera de parte de Dios podría realizar aquellos milagros.

Nicodemo, como judío convencido, confía en la Ley de Moisés. Sin embargo, como el resto del pueblo de Israel, espera el Mesías-Salvador. Jesús le descubre verdades insospechadas. Entre ellas que el Mesías es el mismísimo Hijo de Dios, del cual proviene la salvación del mundo. Sólo un Dios que estuviera dispuesto a sufrir con nosotros —haciéndose uno de nosotros— podía ofrecer de parte nuestra un sacrificio realmente agradable a Dios para nuestra salvación. Sabemos que este Hijo de Dios existe y que es Jesucristo. No se nos ha dado ningún otro nombre por el cual vayamos a ser salvados.

—Jesús, confieso que eres Dios y, porque realmente eres Dios, te confío mi eterna salvación.