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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Sábado II de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,16-21): (…) Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: «Soy yo. No temáis» (…).

Juan 6: contexto general (la comparación entre Moisés y Jesús)

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, entre la multiplicación de los panes y el discurso eucarístico en la Sinagoga de Cafarnaúm, tiene lugar la escena de Jesucristo caminando sobre las aguas. Un acontecimiento oportuno para introducir el contexto fundamental del capítulo 6 de san Juan: la comparación entre Moisés y Jesús. El primero —por el poder de Dios— dividió las aguas del mar para atravesarlo pisando tierra; Jesús, simplemente, camina sobre las mismas. Él es el "Yo soy".

Cristo es el Moisés definitivo y más grande, el "profeta" que Moisés anunció a las puertas de la tierra santa. Teniendo, pues, a Moisés como trasfondo, aparecen los requisitos que debía tener Jesús: mientras que Moisés hizo brotar agua de la roca, Jesús es la fuente de agua viva; mientras que Moisés había regalado el maná —el pan del cielo—, Jesús es Él mismo el Pan Vivo bajado del cielo.

—Moisés habló con Dios «como un hombre habla con su amigo» (Ex 33,11), aunque solamente le vio la "espalda"... Sólo quien es Dios, ve a Dios: Jesús.

Dios, autor y señor de la naturaleza

P. Luis PERALTA Hidalgo SDB
(Lisboa, Portugal)

Hoy, después del compartir los panes con la multitud, vemos a Jesús retirarse a la montaña. Al atardecer, los discípulos descienden a la orilla del mar y suben a una barca de vuelta a Cafarnaúm. La navegación, en la oscuridad, enfrentando el mar agitado, simboliza la inseguridad de los hombres en la ausencia de Dios. Andando sobre las aguas, se aproxima a nosotros y nos trae la paz.

Con éste y otros signos (calmó una tempestad mandando al mar que se "callara"), Jesucristo nos dejó señales inequívocas de su divinidad y de su señorío ante la naturaleza. Él es el Hijo eterno de Dios, por quien todo fue hecho, y nosotros somos parte de la naturaleza creada. Gracias al don de la libertad, participamos de un modo privilegiado (la cultura) de la creatividad divina. Debemos reconocer nuestra deuda ante Dios por habernos privilegiado con una naturaleza tan perfecta.

—Padre, en medio de las tempestades, hazme comprender que el Resucitado camina conmigo, motivándome a permanecer firme en el camino trazado por Él.