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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo III (C) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 21,1-19): En aquel tiempo, se apareció Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades (…). Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor» (…). Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan (…). Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, sabiendo que era el Señor (…).

Las apariciones de Jesús resucitado a los Apóstoles

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy llama la atención que los discípulos no reconozcan a Jesús en un primer momento. Solamente después de que el Señor les hubo mandado salir de nuevo a pescar, el discípulo amado lo reconoció. Es, por decirlo así, un reconocer desde dentro que, sin embargo, queda siempre envuelto en el misterio.

Después de la pesca, cuando Jesús los invita a comer, seguía habiendo una cierta sensación de algo extraño ("Ninguno se atrevía a preguntarle quién era, sabiendo que era el Señor"). El modo de aparecer corresponde a esta dialéctica del "reconocer" y "no reconocer": Él es plenamente corpóreo, y, sin embargo, no está sujeto a las leyes de la corporeidad, a las leyes del espacio y del tiempo. En esta sorprendente dialéctica, entre verdadera corporeidad y libertad de las ataduras del cuerpo, se manifiesta la esencia peculiar, misteriosa, de la nueva existencia del Resucitado.

—Jesús es el mismo —un hombre de carne y hueso— y es también el "Nuevo", el que ha entrado en un género de existencia distinto.