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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo XXXI (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 19,1-10): En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». El bajó en seguida, y lo recibió muy contento (...).

Jesús, nuestro verdadero Tesoro

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy «tengo que alojarme en tu casa». Estas palabras son un estímulo eficaz para acoger a Jesús resucitado, camino seguro para encontrar plenitud de vida y felicidad. De hecho, la auténtica realización del hombre y su verdadera alegría no se encuentran en el poder, en el éxito, en el dinero, sino sólo en Dios.

Zaqueo lo tiene todo... Por esto su deseo de ver a Jesús es sorprendente. ¿Qué lo impulsa a tratar de encontrarse con él? Se da cuenta de que todo lo que posee no le basta; siente el deseo de ir más allá. Quiere ver a este Jesús. Pero Zaqueo, aun siendo rico y poderoso, es bajo de estatura. Por eso, corre, sube a un árbol. No le importa hacer el ridículo. Y Jesús llega, alza la mirada hacia él y lo llama por su nombre. Nada es imposible para Dios.

—De este encuentro surge una vida nueva para Zaqueo: ha encontrado el verdadero tesoro, porque el Tesoro —que es Jesús— lo ha encontrado a él.