Nuestra página utiliza cookies para mejorar la experiencia de usuario y le recomendamos aceptar su uso para aprovechar plenamente la navegación

Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

Ver otros días:

Día litúrgico: Lunes VII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 9,14-29): En aquel tiempo, Jesús bajó de la montaña y, al llegar donde los discípulos, vio a mucha gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos (…). Él les preguntó: «¿De qué discutís con ellos?». Uno de entre la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y lo deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido» (…).

Jesús (…) increpó al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él». Y el espíritu salió (…). Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?». Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración».

En la oración de Jesús palpamos el interés de Dios por el hombre

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy volvemos a considerar la oración de Jesús relacionada con su prodigiosa acción sanadora. En los Evangelios aparecen varias situaciones en las que Jesús ora ante la obra benéfica y sanadora de Dios Padre, que actúa a través de Él.

Se trata de una oración que, una vez más, manifiesta la relación única de conocimiento y de comunión con el Padre, mientras Jesús participa con gran cercanía humana en el sufrimiento de sus amigos o de tantos pobres y enfermos a los que Él quiere ayudar concretamente. Con su oración, Jesús quiere llevarnos a la fe, a la confianza total en Dios y en su voluntad, y mostrarnos que este Dios que ha amado al hombre —hasta el punto de enviar a su Hijo Unigénito— es el Dios de la Vida, el Dios que trae esperanza y es capaz de cambiar las situaciones humanamente imposibles.

—Mi oración confiada como creyente será un testimonio vivo de la presencia de Dios en el mundo y de su interés por el hombre.