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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Domingo XI (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 7,36-8,3): Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.

Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora. Jesús le (…) dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados (…). Tu fe te ha salvado. Vete en paz» (…).

“Dios Pastor” crea la paz

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, Jesús se presenta como Pastor de las ovejas perdidas. Su mirada sobre la gente es una mirada por así decirlo “pastoral”. Jesús encarna a Dios Pastor.

Entre las “ovejas perdidas” que Jesús llevó a salvo está María Magdalena. Jesús expulsó de ella siete demonios, o sea, la salvó de un total sometimiento al maligno. ¿En qué consiste esta curación profunda que Dios obra mediante Jesús? Consiste en una paz verdadera, completa, fruto de la reconciliación de la persona en ella misma y en todas sus relaciones: con Dios, con los demás, con el mundo. En efecto, el maligno intenta siempre arruinar la obra de Dios, sembrando división en el corazón humano, entre cuerpo y alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, y también entre el hombre y la creación. El maligno siembra guerra; Dios crea paz.

—Cristo “es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba” (Ef 2,14). ¡María, Madre de Cristo nuestra paz, ruega por nosotros!