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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Texto del Evangelio (Lc 1,26-38): Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo (…)». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

La Anunciación

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy consideramos la hora decisiva de la historia humana: María se ofrece —cuerpo y alma— como morada a Dios. En Ella y de Ella, el Hijo de Dios tomó carne. Por medio de Ella, la Palabra se hizo carne y María deviene "tienda viva" del Verbo. Lo que es el anhelo de todas las culturas —que Dios habite entre nosotros— ahí se hace realidad.

Escuchando con el corazón, devotamente: ésta es la actitud propia de María Santísima. En el icono emblemático de la Anunciación vemos a la Virgen recibiendo al Mensajero celestial mientras está meditando la Sagrada Escritura. María es la dócil servidora de la Palabra divina. Había motivos para tener miedo, porque llevar encima el peso del mundo, ser la madre del Rey del universo, era superior a las fuerzas de un ser humano. Por eso, el Arcángel le repitió el "No temas" tan típico de la Escritura.

—Santa María responde "sí" e incorpora toda su existencia a la voluntad divina, abriendo la puerta del mundo a Dios.

María pondera la "Palabra" y se convierte en Madre de Dios por su "sí" a la voluntad divina

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy admiramos la respuesta de María al ángel. En primer lugar, ante el saludo del ángel, María sufre turbación —como le sucedió a Zacarías—, pero ella reflexiona y se confronta interiormente con la palabra. Ella no se detiene ante la primera inquietud por la cercanía de Dios, sino que trata de comprender. Es la imagen de la Iglesia que reflexiona sobre la Palabra de Dios para comprenderla en su totalidad y guardar el don en su memoria.

Después, a diferencia de la reacción de Zacarías, María no duda: no pregunta sobre el "qué", sino sobre el "cómo" puede cumplirse la promesa, siendo esto incomprensible para ella. El ángel le confirma que será mediante la llegada del Espíritu Santo. María, finalmente, responde simplemente "sí", declarándose la sierva del Señor.

—Dios, al crear la libertad, se ha hecho en cierto modo dependiente del hombre: su poder está vinculado al "sí" no forzado de una persona humana. María se convierte en Madre por su "sí": "Hágase en mí según tu palabra".