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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Martes de la octava de Pascua

Santoral 23 de Abril: San Jorge, mártir

Texto del Evangelio (Jn 20,11-18): En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba (…) se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní», que quiere decir “Maestro”» (…).

La resurrección de Jesús: un tipo de vida totalmente nuevo

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, y durante la Octava de Pascua, contemplamos los testimonios del Nuevo Testamento que no dejan duda alguna de que en la "resurrección del Hijo del hombre" ha ocurrido algo completamente diferente.

La resurrección de Jesús ha consistido en un romper las cadenas para ir hacia un tipo de vida totalmente nuevo, a una vida que ya no está sujeta a la ley del devenir y de la muerte, sino que está más allá de eso; una vida que ha inaugurado una nueva dimensión de ser hombre. Por eso, la resurrección de Jesucristo no es un acontecimiento aislado que podríamos pasar por alto y que pertenecería únicamente al pasado, sino que es una especie de "mutación decisiva", un salto cualitativo.

—En la resurrección de Jesús se ha alcanzado una nueva posibilidad de ser hombre, una posibilidad que interesa a todos y que abre un futuro, un tipo nuevo de futuro para la humanidad: "Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos" (1Co 15,20).

La oración

P. Ramón LOYOLA Paternina LC
(Barcelona, España)

Hoy, también Dios quiere que nos suceda lo mismo que a María Magdalena. Ella anhela a Cristo. Es su único interés. Lo demás no le importa: apariciones, ángeles… ¡nada! Busca a Cristo y llega a darse cuenta de que es Él quien le busca, quien se esconde en el pellejo de cualquier persona (un hortelano) y se hace el encontradizo.

También nosotros le buscamos en la oración, en las lágrimas de nuestras penas, en los vacíos que no pueden llenar las criaturas. Sin embargo, Él es el protagonista: por cada paso que damos hacia Él, Él da mil hacia nosotros. Invoca desde tu corazón e insistentemente su Santo Nombre… y pronto oirás con gran consuelo el tuyo salido de su boca.

—Maestro, Tú siempre estás conmigo aunque yo no siempre esté contigo; sé Tú mi único tesoro, mi gran alegría, mi verdadera pasión, mi todo, mi resurrección, mi vida nueva, mi victoria. Te espero aunque te escondas o tardes.