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Día litúrgico: Viernes II de Adviento

Texto del Evangelio (Mt 11,13-19): En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «¿Pero, con quién compararé a esta generación? (…). Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Demonio tiene’. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras».

La "esperanza de Dios en el hombre" fundamenta "la esperanza del hombre en Dios"

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy del corazón infinitamente paciente de Jesús se escapa… un lamento: ¿cómo puede suceder que la criatura "hecha para Dios", íntimamente orientada a Él, pueda ignorarle? Dios conoce el corazón del hombre. Sabe que quien lo rechaza no ha conocido su verdadero rostro; por eso no cesa de llamar a nuestra puerta. Él concede un nuevo tiempo a la humanidad precisamente para que todos puedan llegar a conocerlo. Éste es también el sentido de un nuevo año litúrgico.

A la humanidad, que ya no tiene tiempo para Él, Dios le ofrece otro tiempo para volver a encontrar el sentido de la esperanza. Dios nos ama y, precisamente por eso, espera que volvamos a Él, que abramos nuestro corazón a su amor. Esta espera de Dios precede siempre a nuestra esperanza, exactamente como su amor nos abraza siempre primero. En este sentido, la esperanza cristiana se llama "teologal": Dios es su fuente, su apoyo y su término.

—Mi esperanza está precedida por la esperanza que Tú, Señor, tienes en mí.