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Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Martes I de Cuaresma

Texto del Evangelio (Mt 6,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «(…) Orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

El "Padrenuestro": estructura y contenido

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy analizamos el "Padrenuestro". Es la oración de Jesús mismo, y, por tanto, se trata de una oración trinitaria: con Cristo, mediante el Espíritu Santo, oramos al Padre. Consta de una invocación inicial y siete peticiones. Las tres primeras se articulan en torno al "Tú" y se refieren a la causa misma de Dios en la tierra; las cuatro restantes giran en torno al "nosotros" y tratan de nuestras esperanzas, necesidades y dificultades.

Los dos tipos de peticiones se pueden comparar con la relación entre las dos tablas del "Decálogo", que en el fondo son explicaciones de las dos partes del mandamiento principal: el amor a Dios y el amor al prójimo. También el "Padrenuestro" afirma, en primer lugar, la primacía de Dios, de la que deriva la preocupación por el modo recto de ser hombre.

—Antes de nada, he de salir de mí mismo y abrirme a Dios. Por eso, el "Padrenuestro" comienza con Dios y, a partir de El, me lleva por los caminos del "ser hombre".

“Padre nuestro, que estás en el cielo”

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI)
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy destacamos que el “Padrenuestro” comienza con un gran consuelo: podemos decir “Padre”, porque el Hijo es nuestro hermano y nos ha revelado al Padre; porque gracias a Cristo hemos vuelto a ser hijos de Dios. En una sola palabra se contiene toda la historia de la redención. El “amor que llega hasta el extremo”, que el Señor ha consumado en la cruz orando por sus enemigos, nos muestra la naturaleza del Padre: este amor es Él.

Ser hijos equivale a seguir a Jesús. La palabra “Padre” aplicada a Dios comporta la llamada a vivir como hijos. “Ser hijo” no significa dependencia, sino permanecer en esa relación de amor que da sentido y grandeza a la existencia humana. Y decimos “Padre nuestro” porque sólo en el “nosotros” de los discípulos podemos llamar “Padre” a Dios, pues sólo en la comunión con Cristo Jesús nos convertimos verdaderamente en “hijos de Dios”.

—La paternidad celestial une: derriba todos los muros y crea la paz. “Cielo” significa esa otra altura de Dios de la que todos venimos y hacia la que todos debemos encaminarnos.