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Evangelio de hoy + breve explicación teológica

13 de Junio: San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

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Texto del Evangelio (Lc 10,1-9): En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde Él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies (…)».

San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia (1195-1231)

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy celebramos a san Antonio de Padua, perteneciente a la primera generación de los Frailes Menores. Se trata de uno de los santos más populares de toda la Iglesia. Contribuyó de modo significativo al desarrollo de la espiritualidad franciscana, con sus extraordinarias dotes de inteligencia, de equilibrio, de celo apostólico y, principalmente, de fervor místico.

Se dedicó con interés y solicitud al estudio de la Biblia y de los Padres de la Iglesia, adquiriendo la ciencia teológica que utilizó en la actividad de enseñanza y de predicación. Comenzó, en Italia y en Francia, una actividad apostólica intensa y eficaz. Asimismo, fue uno de los primeros maestros de teología de los Frailes Menores. Antonio sentó las bases de la teología franciscana que, alcanzaría su culmen con san Buenaventura y el beato Duns Scoto. Elegido superior provincial de los Frailes Menores del norte de Italia, continuó el ministerio de la predicación, alternándolo con las funciones de gobierno.

El venerable Papa Pío XII, le proclamó “Doctor de la Iglesia”, atribuyéndole el título de “Doctor evangélico”. San Antonio, siguiendo la escuela de san Francisco, pone siempre a Cristo en el centro de la vida y del pensamiento, de la acción y de la predicación: así toda la dignidad humana aparece en el espejo del Crucifijo y contemplarlo es siempre fuente del reconocimiento de la dignidad humana.

—“Si predicas a Jesús, Él ablanda los corazones duros; si lo invocas, endulzas las tentaciones amargas; si piensas en Él, te ilumina el corazón; si lo lees, te sacia la mente” (San Antonio).