Un equipo de 200 sacerdotes comenta el Evangelio del día

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Día litúrgico: Jueves VII del tiempo ordinario

Santoral Jueves después de Pentecostés:Jesucristo, sumo y eterno sacerdote

1ª Lectura (Sant 5,1-6): Llorad, pues, ricos, gimiendo por las miserias que vendrán sobre vosotros. Vuestras riquezas se han podrido, y vuestras ropas han sido comidas por la polilla. Vuestro oro y vuestra plata han enmohecido, y el orín de ellos será testimonio contra vosotros, y comerá vuestras carnes como fuego. Habéis atesorado ira para los días postreros. Mirad que el jornal que defraudasteis a los trabajadores que segaron vuestros campos clama, y el clamor de ellos suena en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en delicias sobre la tierra, y en disoluciones habéis cebado vuestros corazones para el día del sacrificio. Condenasteis y matasteis al justo, y no hizo resistencia contra vosotros.
Salmo responsorial: 48
R/. Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Oíd esto todas las naciones, escuchad, todos los que habitáis la tierra. Así los plebeyos como los nobles, a una juntamente el rico y el pobre.

¿Por qué temeré en el día malo cuando me rodee la maldad de los insidiosos, que confían en su poder, y se glorían en la muchedumbre de sus riquezas?

Pues no se redimirá el hombre a sí mismo, no dará a Dios el precio de su rescate. Demasiado es el precio del rescate por su alma, y no lo cubrirá para vivir sin término y no conocer la muerte.

Verá morir a los sabios, igualmente el insensato y el necio perecerán. Y dejará a los extraños sus riquezas.
Versículo antes del Evangelio (1Tes 2,13): Aleluya. Recibid la palabra de Dios, no como palabra de hombres, sino según es en verdad, como palabra de Dios. Aleluya.

Texto del Evangelio (Mc 9,41-50): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa. Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga; pues todos han de ser salados con fuego. Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros».

«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa»

Rev. D. Xavier PARÉS i Saltor
(La Seu d'Urgell, Lleida, España)

Hoy, el Evangelio proclamado se hace un poco difícil de entender debido a la dureza de las palabras de Jesús: «Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela (...). Si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo» (Mc 9,43.47). Es que Jesús es muy exigente con aquellos que somos sus seguidores. Sencillamente, Jesús nos quiere decir que hemos de saber renunciar a las cosas que nos hacen daño, aunque sean cosas que nos gusten mucho, pero que pueden ser motivo de pecado y de vicio. San Gregorio dejará escrito «que no hemos de desear las cosas que sólo satisfacen las necesidades materiales y pecaminosas». Jesús exige radicalidad. En otro lugar del Evangelio también dice: «El que quiera ganar la vida, la perderá, pero el que la pierda por Mí, la ganará» (Mt 10,39).

Por otro lado, esta exigencia de Jesús quiere ser una exigencia de amor y de crecimiento. No quedaremos sin su recompensa. Lo que dará sentido a nuestras cosas ha de ser siempre el amor: hemos de llegar a saber dar un vaso de agua a quien lo necesita, y no por ningún interés personal, sino por amor. Tenemos que descubrir a Jesucristo en los más necesitados y pobres. Jesús sólo denuncia severamente y condena a los que hacen el mal y escandalizan, a los que alejan a los más pequeños del bien y de la gracia de Dios.

Finalmente, todos hemos de pasar la prueba de fuego. Es el fuego de la caridad y del amor que nos purifica de nuestros pecados, para poder ser la sal que da el buen gusto del amor, del servicio y de la caridad. En la oración y en la Eucaristía es donde los cristianos encontramos la fuerza de la fe y del buen gusto de la sal de Cristo. ¡No quedaremos sin recompensa!