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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

23 de abril: San Adalberto de Praga, obispo y mártir
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Texto del Evangelio (Jn 15,18-21): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra la guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado».

«Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, la figura de san Adalberto de Praga (obispo y mártir, c. 956–997) nos confirma que la verdadera fecundidad nace de la unión con Cristo, incluso cuando esta unión pasa por el rechazo. Este santo experimentó en persona las palabras de Jesús: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes» (Jn 15,18).

Nacido en una familia noble de Bohemia, Adalberto recibió una formación esmerada asimilando el ideal de una Iglesia reformada, pobre y fiel al Evangelio. Ordenado sacerdote y más tarde elegido obispo de Praga, se encontró pronto con una dura realidad: una sociedad cristianizada solo en apariencia, marcada por la violencia, la esclavitud y las luchas de poder entre clanes.

Su ministerio episcopal estuvo lleno de tensiones. Predicó con valentía contra los abusos morales, defendió la indisolubilidad del matrimonio y se opuso al comercio de esclavos. Estas posturas le acarrearon la hostilidad de los poderosos y la incomprensión de muchos fieles. No fue rechazado por capricho, sino por identificarse con Cristo y su verdad. Su vida recuerda que el seguimiento del Señor no garantiza el éxito humano, sino la fidelidad.

En más de una ocasión, san Adalberto se vio obligado a abandonar su sede y buscar refugio en la vida monástica, especialmente en Roma, donde aprendió a unir la acción pastoral con una profunda vida interior. En este ir y venir entre la soledad y la misión se fue purificando su vocación.

Finalmente, movido por el celo apostólico, Adalberto partió como misionero entre los pueblos prusianos, todavía paganos. Sabía que aquel camino podía llevarlo a la muerte, pero había aprendido que el discípulo no es más que su Maestro (cf. Jn 15,20). En el año 997 fue asesinado mientras anunciaba el Evangelio. Su martirio selló una vida entregada sin reservas.

La vida de san Adalberto se convierte en modelo gráfico de las palabras de Jesús: no somos del mundo, pero estamos enviados al mundo para dar testimonio, aunque el precio sea la cruz.

Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Debemos ser como el águila, que vuela por encima de las tormentas» (San Adalberto de Praga)

  • «‘¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!’ (1Co 9,16). Estas palabras del Apóstol de las gentes animaban también los pensamientos y las obras de san Adalberto. El amor a Cristo lo guio hacia países y pueblos que no habían escuchado aún la buena nueva de la salvación. Selló con el sufrimiento y la muerte por martirio su profesión de fe y el anuncio del Evangelio» (San Juan Pablo II)

  • «Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el “Misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 675)