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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

11 de octubre: San Juan XXIII, papa

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Texto del Evangelio (Lc 10,25-37): En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y para poner a prueba a Jesús, le preguntó: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva’.

»¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».

«Y ¿quién es mi prójimo?»

+ Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España)

Hoy celebramos la fiesta de san Juan XXIII, de la Orden Franciscana Seglar (OFS) desde sus 14 años. Su vida fue un largo recorrido a partir de la sencillez de su familia campesina: estudios en el seminario, sacerdote, secretario episcopal, director espiritual y profesor de los seminaristas en Historia de la Iglesia, diplomático, cardenal, nuncio de Pío XII en Francia, Papa iniciador del Concilio Vaticano II.

A lo largo de este camino, fue sobre todo un pastor según el corazón de Dios, de los que huelen a oveja, en expresión creada por el papa Francisco; era de los que no «daban un rodeo» (cf. Lc 10,31.32), como dice el Evangelio de hoy, al ver el hombre apaleado por los bandidos, abandonado al margen y en la cuneta de la humanidad. Juan XXIII es de los pastores que se pone al servicio de los que viven en las periferias, según otra feliz expresión del Papa.

Jesús hoy hace una crítica dura a la gente de Iglesia —sacerdote, levita— que no se desvía de su camino para acercarse a los desgraciados, porque están convencidos que ya cumplen con su deber en el templo, que con esto ya tienen bastante y que no es necesario que se preocupen de los demás.

Por otro lado, con la parábola del buen samaritano, Jesús plantea quién es verdaderamente “prójimo” de su hermano. Si nos acercamos al que está lejos, a quien es indiferente, ya somos “prójimo”. Jesús hace un elogio de los que saben acercarse y hacerse cercanos a los demás. Tenemos un modelo excelente en la persona de san Juan XXIII. Él veía estos hermanos arrinconados no como apestados, sino, simplemente, como hermanos. Siempre decía: «Acerquémonos, conozcámonos, amémonos y responderemos a la oración de Jesús: que todos sean uno».

Seguramente, Jesús, mientras meditamos sobre el Evangelio de esta fiesta, también nos está diciendo: «Vete y haz tú lo mismo» (Lc 10,37).

Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios» (San Juan XXIII)

  • «En las fuertes contraposiciones de su tiempo, el Papa [Juan XXIII] fue un hombre y pastor de paz, que supo abrir en Oriente y en Occidente inesperados horizontes de fraternidad entre los cristianos y de diálogo con todos» (Benedicto XVI)

  • «La práctica de la vida moral animada por la caridad da al cristiano la libertad espiritual de los hijos de Dios. Este no se halla ante Dios como un esclavo, en el temor servil, ni como el mercenario en busca de un jornal, sino como un hijo que responde al amor del ‘que nos amó primero’ (1Jn 4,19)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.828)