Un equipo de 220 sacerdotes comenta el Evangelio del día
220 sacerdotes comentan el Evangelio del día
Contemplar el Evangelio de hoy
Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)
»Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
»No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».
«A vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)Hoy la cristiandad, a Oriente y Occidente, celebra a san Ignacio de Constantinopla (799-877), un pastor que vivió las palabras capitales de Jesús: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn 15,13). Ignacio, hijo del emperador Miguel I, pasó de la corte al monasterio, y de la dignidad patriarcal al exilio, pero en cada etapa de su vida mantuvo un único centro: permanecer en el amor de Cristo, tal como Él mismo nos lo pide («Permaneced en mi amor»).
El fruto que el Señor espera de nosotros nace de la obediencia a sus mandamientos. San Ignacio vivió esta obediencia con una integridad heroica. Como Patriarca, no buscó el favor de los poderosos ni la comodidad del palacio, sino la fidelidad a la Verdad. Su firmeza doctrinal, en un contexto de tensiones y divisiones, podría parecer dureza. Pero, en realidad, nacía de un amor profundo: el deseo de permanecer en la verdad para no romper la auténtica comunión. En palabras del papa León, «sin la Verdad no se pueden construir relaciones verdaderamente pacíficas», una Verdad —además— que «no se separa nunca de la caridad».
Cuando Ignacio tuvo que escoger entre complacer al césar Bardas o la coherencia moral del Evangelio, se adhirió al camino de la cruz. Él fue muy valiente al reprochar al regente el repudio de su esposa legítima. Aquella decisión le costó el cargo y el destierro —con injurias y persecución—, pero a la vez lo confirmó como un auténtico “amigo del Señor” (cf. Jn 15,15).
San Ignacio de Constantinopla nos enseña que el amor cristiano no es una emoción pasajera, sino una determinación firme de hacer la voluntad de Dios, incluso cuando el mundo nos da la espalda. Él no se eligió a sí mismo para la gloria; fue el Señor quien lo escogió y lo destinó para que fuera y diera un fruto que perdura en la historia de la Iglesia. Hoy san Ignacio es recordado por su valentía y firmeza en la fe, sirviendo de inspiración para los cristianos perseguidos.
28 de mayo
Jueves 8 del tiempo ordinario
Vídeo del Evangelio y comentario
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