Contemplar el Evangelio de hoy: 200 sacerdotes comentan el Evangelio del día cada día
Evangelio del díaEscuchar audio
Día litúrgico: Miércoles de Ceniza
Texto del Evangelio (Mt 6,1-6.16-18):
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus
discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia
delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no
tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto,
cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen
los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin
de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su
paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano
izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará
en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
»Y
cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que
gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien
plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya
reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en
tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre,
que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo
secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis
cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro
para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya
reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu
cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los
hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo
secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».
Comentario: Rev. D. Manuel SÁNCHEZ Sánchez (Sevilla, España)
Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos
Hoy
iniciamos la Cuaresma: «He aquí el día de la
salvación» (2Cor 6,2). La imposición de la
ceniza —que debiéramos recibir— es acompañada
por una de estas dos fórmulas. La antigua: «Acuérdate
de que eres polvo y al polvo volverás»; y la que ha
introducido la liturgia renovada del Concilio: «Conviértete
y cree en el Evangelio». Ambas fórmulas son una
invitación a contemplar de manera diversa —normalmente
tan superficial— nuestra vida. El papa san Clemente I nos
recuerda que «el Señor quiere que todos los que ama se
conviertan».
En
el Evangelio, Jesús pide practicar la limosna, el ayuno y la
oración alejados de toda hipocresía: «No lo vayas
trompeteando por delante» (Mt 6,2). Los hipócritas,
enérgicamente denunciados por Jesucristo, se caracterizan por
la falsedad de su corazón. Pero, Jesús advierte hoy no
sólo de la hipocresía subjetiva sino también de
la objetiva: cumplir, incluso de buena fe, todo lo que manda la Ley
de Dios y la Escritura Santa, pero realizándolo de manera que
quede en la mera práctica exterior, sin la correspondiente
conversión interior.
Entonces, la limosna
—reducida a “propina”— deja de ser un acto
fraternal y se reduce a un gesto tranquilizador que no cambia la
mirada sobre el hermano ni hace sentir la caridad de prestarle la
atención que se merece. El ayuno, por otra parte, queda
limitado al cumplimiento formal, que ya no recuerda en ningún
momento la necesidad de moderar nuestro consumismo compulsivo ni la
necesidad que tenemos de ser curados de la “bulimia
espiritual”. Finalmente, la oración —reducida a
estéril monólogo— no llega a ser auténtica
apertura espiritual, coloquio íntimo con el Padre y escucha
atenta del Evangelio del Hijo.
La religión de
los hipócritas es una religión triste, legalista,
moralista, de una gran estrechez de espíritu. Por el
contrario, la Cuaresma cristiana es la invitación que cada año
nos hace la Iglesia a una profundización interior, a una
conversión exigente, a una penitencia humilde, para que dando
los frutos pertinentes que el Señor espera de nosotros,
vivamos con la máxima plenitud de alegría y el gozo
espiritual de la Pascua.


