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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

28 de Enero: Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

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Texto del Evangelio (Mt 23,8-12): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar "Directores", porque uno solo es vuestro Director: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

«El que se humille, será ensalzado»

P. Pere SUÑER i Puig SJ (Barcelona, España)

Hoy celebramos la memoria de santo Tomás de Aquino (1225-1274), miembro de la Orden de los Predicadores, sacerdote y Doctor de la Iglesia. Dedicó toda su vida al estudio y a la enseñanza de la teología católica. Y lo hizo consciente de que así prestaba un servicio a la fe, a la Iglesia y a la humanidad.

Un servicio a la fe: la teología no consiste en inventar la fe, ni tan sólo en interpretarla según el propio gusto. El teólogo parte de la fe de la Iglesia y se esfuerza por entenderla en su verdadero sentido, y, alcanzado éste, procura la conciliación con la ciencia y la cultura del tiempo, sin deformarla. Haciendo esto, el teólogo realiza un gran servicio a la humanidad, ya que le facilita un acceso maduro y provechoso a la palabra de Dios; mejor dicho, a la "Palabra de Dios", que es Jesucristo, salvación del hombre. Todo esto lo entendió perfectamente santo Tomás y lo practicó. Así, pues, le encajan muy bien las palabras que leemos en el Evangelio de su memoria: «Uno solo es vuestro Director: el Cristo» (Mt 23,10).

No le fue siempre fácil. Tuvo que luchar contra los que anteponían la filosofía griega -entonces era una novedad deslumbrante- a la fe. Él no sometió nunca la fe a Aristóteles, sino Aristóteles a la fe. Su obediencia a la Jerarquía fue rendida y heroica; le ofreció la vida, ya que murió yendo, enfermo, al Concilio II de Lyón, por orden del Papa.

Él también fue consciente de que con su trabajo teológico rendía un servicio no solamente a los sabios, sino también a los sencillos. En el prólogo de la famosa Suma Teológica escribe: «Mi propósito es tratar las cosas de la religión cristiana de manera adaptada a los principiantes».

El Evangelio de su día termina con estas palabras: «El que se humille, será ensalzado» (Mt 23,12). Pues bien, Tomás de Aquino se humilló sometiéndose a Dios, a la Iglesia y a las necesidades del hombre; merece, por tanto, ser enaltecido. Esto es lo que hacemos celebrando su fiesta.

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