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Contemplar el Evangelio de hoy

Evangelio de hoy + homilia (de 300 palabras)

7 de Marzo: Santas Perpetua y Felicidad, mártires

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Texto del Evangelio (Mt 10,34-39): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará».

«El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, los contrastes de los hechos golpean nuestras conciencias. Perpetua y Felicidad son dos mujeres del siglo II —muy jóvenes y madres recientes— que se entregaron al martirio el año 203. Y he aquí las maravillas del cristianismo: por amor a Cristo murieron como hermanas, a pesar de que desde el punto de vista social Felicidad era esclava de Perpetua. Las dos juntas —sosteniéndose una con la otra— sufrieron lo mismo y de la misma manera. Ante el Señor no hay distinción entre “judío” y “griego”: todos somos de Cristo, y Cristo es de Dios (cf. 1Cor 3,22-23).

Otro contraste que nos golpea: los hermanos cristianos tuvieron con Felicidad y Perpetua un trato delicado, solícito, amoroso —casi de veneración— durante sus últimas horas, mientras que la autoridad y el público paganos se comportaron de la manera más ruda y grotesca. Sorprende la cota de inhumanidad a la que puede llegar el ser humano cuando —liberado del Creador— disfruta del salvaje destrozo del cuerpo del mártir… Lejos del Logos —Amor y Razón eternos— el hombre alcanza unos niveles de irracionalidad desconocidos incluso entre los mismos salvajes irracionales.

He aquí, pues, el drama de la «conciencia aislada. Aislada, ¿de qué? Aislada de la revelación de Dios» (Papa Francisco). Jesucristo no desea la “guerra”, pero Él mismo había de ser —en palabras del anciano Simeón— un «signo de contradicción» (Lc 2,34). Quien no está con Él se sitúa contra Él y sus seguidores (cf. Lc 11,23). El Amor de Dios y la Cruz de Jesucristo no dejan indiferentes a nadie…

Paradójicamente, los nombres de estas santas —“Felicidad” y “Perpetua”— parecen contrastar con la aceptación de la “cruz” y la renuncia a los “bienes temporales”. Sí, ellas se entregaron a la Cruz del Señor renunciando a un futuro temporal, en vista a la “felicidad perpetua”, la única que cuenta de verdad. Se hacen realidad las palabras del Evangelio de hoy: «El que pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 10,39).

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